miércoles, 27 de julio de 2011

DATOS HISTÓRICOS DE LA VIDA DEL PUEBLO XINKA



DATOS HISTORICOS DE LA CIVILIZACIÓN XINKA EN LA HISTORIA UNIVERSAL

DEPARTAMENTO DE SANTA ROSA
Un dato muy curioso que no podemos pasar como desapercibido es lo que le sucede en 1524 a don Pedro de Alvarado y lo de 1526 a don Juan Pérez Dardón. A estos dos caballeros, no obstante sus sendos pergaminos y el honroso grado de capitán; en representación de la Fuerza Armada para entonces mas grande del mundo; al mando y servicio de los nobles monarcas cuyos dominios iban mas allá  de donde se pone el sol; tropezaron de repente con algo duro y difícil.
            Aquí empezó a ser dificultosa la empresa emprendida por los “venidos del otro lado del mar”. Si los Tzutuhiles se entregaron sin presentar resistencia, contrario a ellos existió una raza indomable que incluso para el efecto ya estaban preparados y a la espera de los acontecimientos.
             Coincidentemente en Guazacapán, don Pedro de Alvarado no encontró un conglomerado de indios sumisos sino un ejército bravío que vendió su derrota a un precio muy caro y en Jumaytepeque; cosa peor le sucedió a don Juan Pérez Dardón, quien jamás se imaginó que las huestes de Tonantel le fueran hacer una resistencia tan tenaz, al extremo de orillarle al hecho de aceptar compás de espera en la lucha por la conquista del territorio y todo obedeciendo a que en ambos puntos Guazacapán y Jumaytepeque, estaban los integrantes de la indómita nación de los Xinkas.
            Estas dos fechas que son como piedras preciosas, como diamantes encontrados en un río; como dos querubís, capaces a pesar de estar eternamente escondidos, de hacer brotar contra su misma adversidad la luz que alumbrará el camino de ese testimonio diáfano y franco: sin mancillar el honor, sin dobleces, sin malicia.
             Son dos fechas y dos lugares que afortunadamente y sobre todas las cosas, y sobre toda la adversidad; aún persisten. Habiendo vivido como dos perlas o como dos diamantes perdidos entre la penumbra y la hojarasca del tiempo en que les ha tocado sobrevivir. 1524, don Pedro de Alvarado quiso afrontar personalmente la situación coyuntural de una raza fuera de serie; no pudo.

            Dos años después cuando ya el Capitán General consolidaba su triunfo en la tierra de los mayas, dispuso finiquitar de una vez por todas la mencionada empresa, borrando de su mapa de acción algunos focos rebeldes que aún quedaban en forma aislada pero que le restaban importancia a su fama de guerrero y le limitan su dominio total. Y así es como envía a un segundo contingente a someter a los “salvajes de Santa Rosa” y ahora para el efecto y con mas conocimiento dispone empezar la operación por la zona del centro; la cual por estrategia debía estar libre no solo para la movilización de tropas sino para el futuro intercambio comercial entre el resto de los dominios.
            Llegan entonces, de nueva cuenta, y otra vez son recibidos con un presente no muy ortodoxo; mas bien, con una respuesta de la calidad y efecto de su encomienda. Desde el preciso instante en que se inician las hostilidades empiezan a escribirse estampas dantescas de horror; debido a la mas tenaz resistencia del nativo que en ningún momento desmaya en su empeño de defender su territorio sino en momentos hasta pareció despertarle el ánimo viendo caer al enemigo; quien en los primeros combates no solo se vio diezmado sino también convencido que enfrentado en forma directa con estos “indios salvajes” le iba resultar difícil llevar a feliz termino el objetivo.  Era materialmente imposible, reconocieron, vencer a esa gente con los métodos convencionales.
            No solo la valentía demostrada en la acción sino por algunas tácticas suyas que también les eran favorables y genuinas por conocer ellos a la perfección el escenario, el ambiente y los cálculos operacionales, le resultaron siendo, con magistral exactitud.
            Los peninsulares eran diestros en muchas cosas, tenían muchas ventajas y en estos asuntos de la guerra venían de combatir durante larguísimos años con los fenicios y con los moros: cuando ingresaron al territorio nacional doblegaron a reinos muy bien atrincherados como lo eran los quichés pero  ahora se topan con un contingente descomunal y totalmente invencible.
            Por eso es que allí están y estarán siempre, en conclusión entonces, esas dos fechas y esos dos puntos: 1524, 1526; Guazacapán y Jumaytepeque. En 1524, en Guazacapán el Capitán General, el que se le llamó con razón o sin ella el Conquistador de Guatemala (Don Pedro de Alvarado) y quien fue asediado y hasta se declaró inútil en dejar pacificada para entonces el área; y en la segunda fecha 1526, ahora con los indios de Jumay, aquel a quien después se le iba llamar el Pacificador de Santa Rosa o sea Don Juan Pérez Dardón… Quien también fue inútil e incapaz de someter de un tajo como pretendía a los defensores de estas tierras, pues los mismos le fueron saliendo de puño en puño cada vez mas y cuando se agrupaban totalmente dispuestos y a la orden de su Emperador: dieron como a entender que eran aún mucho mas, en cantidad, disciplina y verdadera organización. 


DEPARTAMENTO DE JUTIAPA

Los xinkas se asentaron en la parte central y oriental del departamento de Jutiapa, otro grupo  reino en la parte meridional, como es Atescatempa y Asunción Mita donde convivían en armonía con los pocomames y los mictlanes, y se extendieron hasta Cuscatlán. Exponentes milenarios de su cultura y su ancestro, son los actuales conocidos monumentos construidos y erigidos por ellos a sus grandes héroes y príncipes, conocidos hoy como los montículos o pequeñas colinas de piedra plana, llamado uno de ellos Cerro de las Lajas, situado en el extremo sur de la población de Asunción Mita (valle de Mictlán). A su vez, los indígenas construyeron también sus propios monumentos, que están ubicados, entre otros, en el extremo suroriental de la ciudad de Jutiapa, frente al cementerio del pueblo.
los Xinkas también poblaron lo que en la actualidad constituyen los municipios de Yupiltepeque, Pasaco, Comapa, Jalpatagua y Conguaco, dígase la parte de la sierra o región montañosa del sur y la gran sabana ubérrima de lo que forma el gran valle de Jalpatagua, surcada de los grandes ríos del Pululá, el río Paz y otros.

A la llegada de los españoles en los años del 1524 conquistadores castellanos encontraron en los fieros combatientes de estos grupos étnicos jutiapenses, la más feroz de las resistencias en la defensa de su propia nacionalidad violada por el invasor. El sacrificio de su sangre, la de estos grandes soldados del oriente nacional, hizo que floreciera en todo el departamento de Jutiapa y pueblos aledaños, la que hoy es conocida y respetada en todo el país como la estirpe oriental de los hombres francos, talentosos y valientes, que se distinguen de los del resto del país por sus modales carentes de simulación y sin amanerados refinamientos, que, a pesar de que los saben cultivar por medio de la cultura y los buenos modales clásicos, nunca son en el hombre oriental producto de la hipocresía, sino de su franqueza y su sinceridad evidentes.

Xochil Apán (río de las flores) es el verdadero nombre aborigen original de Jutiapa. Se ha dicho que tuvo origen en la voz xuti o jute. Este conocido molusco fluvial jamás pudo impulsar o sacudir la imaginación florida y hondamente poética de los padres xinkas de la raza, hasta haber dado el nombre a su tierra amada con base en el del oscuro caracolillo. Debió ser la fulgurante maravilla de la pradera innumerable de Xochil Apán o río de flores (Jutiapa), poblada de miles de millones de flores o xochiles, la que hizo que su numen imaginara blasonar con aquel símbolo su sagrada ixiwa’ih, como le llamamos a la madre naturaleza y de todo lo vivo, que nos dio el primer aliento, la vida prístina y undívaga, y también la muerte, que nos espía en la esquina del monte, como una neblina baja.
Situados nuestros antepasados todavía en la época en que carecían del tesoro más preciado para el hombre, cual es la libertad, el historiador y el crítico cometerían un grave error al creer que los Xinkas, se distinguieron únicamente como guerreros o labriegos. De ninguna manera. Florecieron también en las artes, en las ciencias, en los deportes y en todas las actividades de la cultura.

El 19 de febrero de 1936, Francisco Amado, Jefe Político del departamento de Jutiapa, rindió su informe a la Secretaría de Gobernación dando cuenta de la marcha administrativa de la jurisdicción a su cargo. Entre otras cosas, el señor Amado hacía constar que en su visita ordinaria a estos municipios localizaron 9 monolitos de piedra labrada y se ordenó su traslado a la capital, con destino al Museo Nacional. También encontraron piezas de cerámica que fueron remitidas a la Secretaría de Educación.
El sitio descrito por el funcionario de la época, corresponde a un asentamiento del período Clásico, compuesto de una pirámide central y una plaza, de acuerdo a la explicación de los arqueólogos que lo han conocido.
Según los registros del Instituto de Antropología e Historia, el asentamiento está orientado al aprovechamiento de los ríos de la región, como el Paz, el Margarita y sus afluentes. Estos ríos forman un conjunto con el Canal de Chiquimulilla que permitía la navegación en las áreas costeras del Pacífico, lo que posibilitaba el aprovechamiento de la biodiversidad terrestre y acuática.
Por otro lado, el lugar llamado La Nueva es uno de los numerosos sitios arqueológicos que se ubican en Jutiapa y que dan cuenta de una ocupación nutrida del territorio por los pueblos indígenas xinkas, pipiles, popolucas, mictlanes y papalhuapas, aunque en concentraciones urbanas de pequeña y mediana extensión. Se trataba de sociedades en desarrollo que sufrieron la conmoción de la conquista española y cuyos restos podemos apreciar ahora.
Los mayores conglomerados urbanos eran los de Mictlán, en la actual Asunción Mita, y Paxá, hoy Pasaco. También se encuentran sitios arqueológicos en Agua Blanca (Papalhuapa), Comapa (Comapa y Las Pilas), El Progreso (Palo Amontonado), Moyuta, Los Bordos, Montaña Verde y Pasaco (Potrerillos). 
Los grande Guardianes de nuestra comunidad son los gigantes dormidos,  los cerros sagrados que cuidan y guardan nuestra vida, el desarrollo y la evolución positiva de cada uno de sus habitantes, el Cerro culma antiguamente el (xanwona’ tuma o’roro) cerro  del venado blanco, el Cerro Colorado (xanwona’ tz’iriri’ ) antiguamente el Cerro de la Culebra jorobada(xanwona anpük xan üülü’), el cerro gordo (xanwona’ tünwü) antiguamente el Cerro caparazón de tortuga (xanwona’ xantaawuk) el cerro de las culebras, la peña de la sarpian negra, el cerro de las flores antiguamente conocido como Cerro de la pirámide ubicado en las orillas del rio de paz, un antiguo mirador astronómico de nuestros antepasados, cerro de las flores en en la zona de Yupiltepeque antiguamente (xanwona’ paki) el cerro fortin o muro de guardia.
Las lagunas sagradas:  la Laguna de güija con un gran misticismo con su herencia oral enfocada en la Serpiente guardiana y la gran ciudad Uy’ku, la laguna de atescatempa, con el gran desarrollo histórico de sus gigantes, las cascadas ceremoniales de la montaña de Jutiapa el Kut’zuzu, los aksoles, el cerro de las ventanas con una laguna escondida.
La Ancestralidad de nuestro pueblo y la herencia oral de sus comunidades, trasmitidos de generación en generación, para preservar su identidad.


EL MUNICIPIO DE PASACO: 

Pax, que en idioma nahual  significa Paso, la toponimia en idioma xinka es Xapin ; según los estudios y datos del historiador y anticuario JUAN GAVARRETE, en 1,868; por inundaciones que hubieron en el pueblo de Pax o Paxa, ya conquistado por don Pedro de Alvarado, éste fue trasladado a otro lugar ya con el nuevo nombre de PAXACO, en un lugar más seguro y más alto.
El nuevo agregado que se le dio de CO, en idioma XINKA; significa: ADIOS, según las recopilaciones de éste idioma por JUAN GAVARRETE
Según estudios se descubrió que pasaco fue uno de los grandes asentamientos xinkas de Jutiapa, con la llegada de los españoles se construyó una nueva ciudad llamada Gavilla, pero fue destruido por fuertes terremotos, por lo cual se decidió trasladarlo a donde actualmente existe.
  
JEREZ XIINU/XIGU(LUGAR DE BARAL); 

Antiguamente este municipio se conocía con el nombre de Chingo arriba,  y una aldea inferior Xingo abajo que es la Esmeralda, por su ubicación a las faldas del volcán Chingo, proviene de Xingo del xinka lugar de sombras, cuenta la tradición oral que al paso de los conquistadores por jerez “se encontraron con gente pequeña, extraña, que vivía en árboles, y arrojaba flechas y palos envenenados , pues al ser heridos con estas armas provocaba náuseas y la muerte en 2 días” les llamaban los pigmeos del Xingo.

SAN JOSE ACATEMPA: 

A pesar del gran legado de conocimientos sobre San José Acatempa, sobre su origen puramente español,  antiguamente antes de la llegada de los colonizadores, Se conocía como el Valle de Juxitu o Lazcualpa, posteriormente se le reformo el sentido y paso a llamarse Valle de los Caseríos de Españoles e Indios. 
Con el transcurso del tiempo su nombre cambió a Azacualpa y luego se le llamo san José acatempa que significa acatempaÇ= indulto o perdón etimológicamente el perdón de san José. Con el mestizaje y llegada de nuevos colonos, se acentaron grandes cantidades de gitanos y europeos quien dieron el color blanco y ojos claros representativos de la gente de acatempa.


YUPILTEPEQUE: 

Se deriva del dialecto Xinka cuyo significado es "tuhlu"  que es flor que significa pueblo o lugar  y "atepeq " cerro (wona, keter en idioma raíz yupano) Cerro de la deidad en honor al Rey Tepok que era el que habitaba en la cima del cerro de los morones, que actualmente es donde se asienta la aldea Pueblo Viejo", en sus inicios Yupiltepeque era conocido como el castillo o pueblo fortin, por su asentamiento en una región montañosa y casi inalcanzable por sus riscos y quebradas peligrosas, al paso del conquistador por estas tierras los habitantes pudieron huir a las montañas para no ser atrapados, y dejaron grandes vestigios de su cultura y creencia en el cerro de las flores, sobre el pie gigante o huella plasmada dentro de las entrañas del cerro que simbolizaba la protección del señor superior y creador, que los guiaba y protegía desde el cielo.

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